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La juventud UDI

El gran carrete zorrón de Felipe Cuevas

Escrito por MQLTV

    Felipe Cuevas fue conocido el año pasado por ser el supuesto primer preso político de la derecha. En su viaje a Venezuela -y a causa de no tener identificación y sacar fotos en un lugar prohibido- el militante UDI fue detenido por la policía venezolana, lo que él pasó a llamar una detención política, pues iba a manifestar su apoyo a la oposición del régimen chavista. Lo cierto es que lo soltaron de inmediato, pero contó la historia como si es que hubiera pasado una década preso y hasta hubiera sido torturado. Es cierto, el gobierno de Maduro no goza de total robustez democrática, pero siendo serios Cuevas no era un objetivo político.

    Y es que nadie lo conocía hasta lo sucedido. Había sido candidato a diputado, pero nadie retuvo mucha información acerca de su candidatura y lo que proponía. Muchas veces hasta pareciera que ni él mismo lo sabía. No es por llamarlo liviano, pero yo estuve en el colegio con muchos Cuevas. Me recuerda bastante a aquellos personajes con los que uno discutía con unas piscolas de más y que asumían la defensa de las ideas de sus padres porque se sentían más seguros ahí. Encontraban que enarbolando ciertos conceptos fáciles, pero que sonaran complejos, podrían encontrar un gran pasadizo hacia el futuro esperado. A ese que te da estatus o te lo conserva.

    ¿Cómo llegó Felipe Cuevas a ser presidente de algo en la UDI? Esa es la gran pregunta. O, mejor dicho, la pregunta más clara es otra: ¿qué concepción de la juventud tienen en ese partido?

    En una entrevista en The Clinic, el presidente de la juventud del gremialismo -sí, hay una juventud- en un lenguaje desprovisto de contundencia, pero chorreante en poca claridad, reafirma lo señalado. Pareciera como si estuviera en un carrete con las mismas piscolas encima. Como si esto de defender ideas lo hiciera por hobby. Como si estuviera repitiendo conceptos que no tiene muy claro lo que significan, pero que suenan acorde a la caricatura de zorrón que él mismo parece disfrutar.

    ¿Cómo llegó Felipe Cuevas a ser presidente de algo en la UDI? Esa es la gran pregunta. O, mejor dicho, la pregunta más clara es otra: ¿qué concepción de la juventud tienen en ese partido? No se sabe. Pareciera que con su figura están tratando de levantar nuevamente a esos jóvenes tan convenientes para los estrechos años ’90, en donde no había espacio para opinar más allá de lo que estaba establecido como lo que se debía pensar según la procedencia. Cuevas parece sacado de esa década, parece ser el símbolo de esa juventud atolondrada con el dinero fácil y en donde la única real perspectiva de futuro tenía que ver con qué se haría el próximo sábado en la noche. Todo con tal de llegar a ese sábado.

    Es cosa de leer algunos pasajes en donde repite cosas que probablemente sus mayores repetían en la mesa. Cosas como el “lobby gay” al referirse a la intención de una comunidad de velar por sus derechos. Porque, como él decía, estaba a favor de los derechos de los gays pero no le gustaba que se casaran, porque no creía en la regulación de los afectos. Es decir, escondía su conservadurismo en un cierto liberalismo inexistente. Trataba de decirnos que realmente no pensaba lo que pensaba, aunque estuviera orgulloso de pensarlo. Es extraño. O, para ser más preciso: es muy noventero.

    Felipe parece tomarse la discusión de visiones país como un gran carrete. Como una fiesta donde conoce gente, agarra el número de alguna chiquilla, pero nunca comprende lo que está haciendo realmente.

    No sé si decir que es preocupante la manera en que expone sus ideas. Uno puede pensar lo que quiera y exponerlo de la manera que le dé la gana, pero tal vez lo que sí resulta bastante complejo es la concepción de la política que Cuevas deja entrever. Es como si este ejercicio público no fuera más que repetir ciertos conceptos una y otra vez. Como si tratar de defender un sector político en el siglo XXI, tiene que ver con disfrazar los viejos postulados con un tono supuestamente juvenil. Como si entender Chile tuviera que ver con aprenderse de memoria algunos enunciados. Nada más.

    Al igual que muchos de los que compartieron colegio conmigo, Felipe parece tomarse la discusión de visiones país como un gran carrete. Como una fiesta donde conoce gente, agarra uno que otro número de una chiquilla, pero nunca comprende lo que está haciendo realmente. Él solo se deja llevar por el ritmo que contiene la percepción de Chile que le contaron. Total así es más fácil y no se interrumpen las piscolas entre pregunta y pregunta de cómo debieran ser realmente las cosas.

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