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1940-2015

Ella (historia de una Awad)

Escrito por MQLTV

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    Ella tiene 20 años. Vive en 1964. Si se fijan bien, tiene un ligero brillo de esperanza en la mirada, porque sabe que algo bueno está a punto de ocurrirle. A esta hora, digamos a las tres de la tarde, siempre adquiere ese brillo, porque sabe que en dos horas más, solo en dos horas más, llegará a su casa, caminará con sus suecos de madera sobre el piso de madera, irá directo al refrigerador, lo abrirá rápido (imitando un gesto brusco de futbolista) y verá qué hay dentro. Ya se le ha hecho costumbre abrirlo de esa manera, mirar qué hay dentro y luego irse directo a la parte de los hielos y sonreír con satisfacción. Su satisfacción proviene, del hecho concreto de comprobar que su Chocolito de todas las tardes, sigue ahí.

    Se podría decir que Ella es una persona difícil de definir. No entra, digamos, en todas esas casillas que crean los seres humanos para definir a otros seres humanos. No, Ella no entra en esas casillas. Ella tiene una gata que se llama Quilicura, porque la adoptó en el barrio Quilicura y encontró lógico llamarla así (luego de realizar un exhaustivo análisis cartesiano decidió que no existía en todo el mundo, un nombre que le calzara mejor). Ella cocina, pero encuentra fome cocinar, porque después todo lo que uno hace desaparece. Así piensa Ella.

    Ella estudia y estudia mucho. Cree en varias cosas. Cree, por ejemplo, que hay que aprender alemán para leer a Heidegger. Cree además, que hay que aprender francés para leer a Sartre.

    Ella estudia Filosofía en la Universidad de Chile. A veces, solo a veces, va en su Mini, pero no le gusta demasiado porque tiene mucho que caminar. Suele estacionarlo lejos, muy, muy lejos, para que sus compañeros no la vean. Ella cree que es injusto tener un Mini porque todavía ni siquiera sabe lo que es la vida (su papá le enseñó que el concepto de, “saber lo que es la vida” está directamente relacionado con el acto de trabajar) y como ella todavía no trabaja, entonces por lógica, no se merece tener un Mini.

    Ella estudia y estudia mucho. Cree en varias cosas. Cree, por ejemplo, que hay que aprender alemán para leer a Heidegger. Cree, además, que hay que aprender francés para leer a Sartre. Y cree por último que hay que concentrarse muchísimo, muchísimo, para entender, tan solo una frase, de Kierkegaard. Odia esa gente que declara tener una “filosofía de vida” porque, según ella, es justamente esa gente la que no sabe nada de la vida.

    La Carpa de los Parra queda en La Reina, y Ella, de todos los Parra, se queda lejos con el Tío Roberto, porque le gustan sus cuecas y porque es el más curado.

    Ella, a diferencia de la mayoría de sus compañeros, no es marxista ni leninista; quizás sí un poco trotskista, pero no marxista. Pese a eso, igual cree, que lo que hacen los norteamericanos, simplemente, no es lo que haría una persona decente. Por eso, y quizás también, porque es un poco divertido, a veces, y solo a veces, los sábados por la tarde, acompaña a sus compañeros a tirar tomates podridos a la embajada de los Estados Unidos. Se consiguen los tomates podridos en La Vega y después van a tirarlos. Los tiran y se escapan. A veces, también, después de eso, se van a la Carpa de los Parra y toman vino. La Carpa de los Parra queda en La Reina, y Ella, de todos los Parra, se queda lejos con el Tío Roberto, porque le gustan sus cuecas y porque es el más curado.

    Ella no es una experta en música, pero sí conoce lo suficiente, como para entender que la Nueva Ola no es lo único. La Nueva Ola le produce algo de repugnancia, cada vez que los escucha, de hecho, se le vienen miles de imágenes raras a la cabeza. Pero la que más seguido se le presenta, es la siguiente: Buddy Richards junto a Luis Dimas, danzando y sudando residuos de piscola en un lugar indefinible, pero claramente nocturno, con muchas luces de colores. Así se imagina, Ella, a la Nueva Ola.

    Ella, todavía, no sabe muchas cosas que pasaran después. No sabe, por ejemplo, que John Lennon morirá a los 40, que nevará en Santiago y que Allende caerá fulminado en un golpe de Estado.

    Lo que sí le gusta son los Beatles. De hecho, pese a que casi no tiene memoria, cada vez que le preguntan, siempre, es capaz de relatar hasta los más mínimos detalles del día en que los conoció. Los conoció en un rotativo del centro y quedó tan sobresaltada (inclusive esta palabra se hace insuficiente para describir su reacción) que se quedó más de cinco horas mirándolos y no creyéndolo. Al día siguiente, además, volvió con su mejor amiga, para mostrárselos. Como no tiene hermanas, a su mejor amiga, le muestra todo. A Ella, le gusta George Harrison. Le gusta porque es él más callado.

    Demás está decir, que en esa foto, Ella, todavía, no sabe muchas cosas que pasaran después. No sabe, por ejemplo, que John Lennon morirá a los 40, que nevará en Santiago y que Allende caerá fulminado en un golpe de Estado, en plena casa de gobierno. No se puede decir que Ella sea de izquierda, izquierda, pero tampoco se puede decir, que un hecho como el Golpe de Estado, no le duela o no le afecte. De hecho, sí le afecta. De hecho, sí tendrá que quemar un par de libros, sí derramará un par de lágrimas, producto, tal vez, del sufrimiento de sus amigos, o producto, tal vez, del hecho mismo, de mirar desde su ventana, cómo la ciudad se va poniendo cada vez más triste.

    Ella no sabe, por ejemplo, que a los 35 años tendrá una hija, como tampoco sabe que esa misma hija, en un período de adolescencia difícil, escuchará Smells Like Teen Spirit de Nirvana.

    Como antes dije, después de esa foto, pasarán muchas cosas, que ella no sabe. Ella no sabe, por ejemplo, que a los 35 años tendrá una hija, como tampoco sabe que esa misma hija, en un período de adolescencia difícil, escuchará Smells Like Teen Spirit de Nirvana, y de inmediato se dará cuenta (pese a no ser ninguna experta igual que su madre) que la canción que está escuchando no es cualquier canción. Es de esas canciones que jamás se olvidan.

    Como antes dije, después de esa foto, pasarán muchas cosas que Ella no sabe. Ella no sabe, por ejemplo, que esa misma hija que tendrá a los 35, viajará con Ella al sur, y no parará en ningún momento de quejarse, y de decirle que todo está muy “mal”, y que está muy, muy “aburrida”, y que le “apesta” el sur porque es “verde”, y porque la gente come mucho, y porque además la han obligado a ir, y porque además lo único que quería era irse a Tongoy a fumar pitos con sus amigas, y a no pensar. Como antes dije, después de esa foto, pasarán muchas cosas que Ella no sabe.

    “Si acaso la gente que muere, de verdad queda, en el pedazo más grande del corazón de los vivos, entonces, que alguien me arranque ese pedazo, porque quiero verla”.

    Ella no sabe, por ejemplo, que esa misma hija que tendrá a los 35, en su cumpleaños número 41, contra todo pronóstico, hará el mismo viaje que hizo con Ella al sur y tratará de mirar (desesperamente, así caratula su hija la forma en que miraba) hasta lo más profundo del Llanquihue, buscando su imagen reflejada allí. Como antes dije, después de esa foto, pasarán muchas cosas que Ella no sabe.

    Ella no sabe, por ejemplo, que esa misma hija que tendrá a los 35 irá a ver La Memoria del Agua al cine y se quedará pegada con la siguiente frase: “si acaso la gente que muere, de verdad queda, en el pedazo más grande del corazón de los vivos, entonces, que alguien me arranque ese pedazo, porque quiero verla”. Como antes dije, después de esa foto, pasarán muchas cosas, que Ella no sabe.

    Ella no sabe, por ejemplo, que morirá a los 75 años, producto del cigarrillo, y de los mismos pulmones débiles, que nunca le pudieron arreglar cuando nació.

    Ella no sabe, por ejemplo, que esa misma hija que tendrá a los 35 irá a la “Reparadora de ropa Nancy” a arreglar su antigua bata apolillada-pertenencia de su padre, del padre de Ella obviamente- solo para recordarla, y que en esa misma reparadora de ropa, gritara con una voz que nadie le conoce, cuando la propia Nancy le diga, que “bote, esa bata”, porque esa bata está tan apolillada que “no tiene solución”. Como antes dije, después de esa foto, pasarán muchas cosas, que Ella no sabe.

    Ella no sabe, por ejemplo, que morirá a los 75 años, producto del cigarrillo y de los mismos pulmones débiles, que nunca le pudieron arreglar cuando nació. Y que un año después de eso, esa misma hija que tendrá a los 35, estará escribiendo de su vida, y que en vez de llamarla “mamá”, la llamará “Ella”, porque simplemente es menos triste decirle “Ella” que mamá.

    *Leo Marcazzolo (40): Desde que tiene uso de razón que quiere ser periodista. Le gusta escribir y contarle a la gente su vida. Puede que la recuerden por sus seis años en The Clinic y sus libros: La Cosa (Editorial The Clinic, 2006), Papá y Mamá (Random House Mondadori, 2007), Una Loca Maternidad (Alfaguara, 2012) y Tesoros Perdidos (La Calabaza del Diablo, 2013). Actualmente hace clases, escribe su quinto libro y tiene una columna en Publimetro donde, según confiesa, se exhibe con la esperanza de que la quieran.

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