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Farmacia popular: ¿El comienzo del fin de las agonías de nuestros enfermos?

Escrito por MQLTV

    La experiencia de los enfermos en Chile está repleta de instancias de agonía, sobre todo cuando se enfrentan a las farmacias. Todos frente a la caja esperando a que el vendedor salte frente a las temerosas caras con el precio final; con el monto definitivo que los hará transpirar, pegar un silencioso grito hacia los cielos sin que nadie los mire. Sin que nadie se entere de su opinión frente a un diagnóstico generalizado: los medicamentos en nuestro país son casi un lujo. Un sacrificio que condena el pasado laboral de los viejos y condiciona el futuro de los jóvenes.

     farmacia popular daniel jadue

    Cuando esperan el monto, el vendedor lanza la cifra con algo de temor y vergüenza. Lo hace mientras mira los rostros como pidiendo perdón, cuando lo cierto es que no es más que el mensajero de un grupito de portentosos señores que vieron que en Chile hasta con la salud de las personas se podía jugar. Esos hombres vestidos de médicos sin serlo -y que posiblemente reciben menos de un tercio de lo que ganan muchos de nuestros circunspectos doctores- no son más que la cara de un negocio que se nos arrancó de las manos; de un mercado que no perdona y sonríe frente a nuestras angustiados bolsillos debido a la libertad de la que goza. Esa libertad que encarcela a muchos adultos mayores o futuro adultos mayores que prefieren no pensar en la jubilación y en el dejar de trabajar, porque los asusta.

    Ése es el panorama de un país que de manera soterrada y sumamente evidente -como sólo pasa en nuestras tierras- comercia con los derechos y se enriquece con el dolor y la desesperación de nuestros hombres y mujeres para convertirlos en desahuciados caminantes. En muertos vivientes, o por último en desesperados complacientes con un sistema, ya que si “no puedes contra ellos úneteles” decía por ahí un dicho.

    Jadue fue lo suficientemente inteligente para hacer política desde una municipalidad utilizando las herramientas que un Lavín malamente usó en los ’90, para así colaborar con una discusión importante.

    Sin embargo, la noticia de que la Municipalidad de Recoleta inauguró una farmacia sin precios elevados, sino a precio de costo con diferencia de hasta un 3.000% con los remedios que venden las más conocidas -y coludidas- farmacias que conocemos, nos hace pensar en que hay una manera de enfrentar a un Estado cooptado por el miedo a la regulación. Pero, sobre todo, que todavía puede haber una ventana, un espacio en el que se instale una discusión más allá que la de la educación y que plantee al humano en el centro por sobre la billetera. Es cierto que la llamada Ley Ricarte Soto colaboró a instalar la idea de que los remedios son más que una conveniente fuente de ingresos para todo empresario que no sabe en qué otro rubro meter las lucas, pero cierto también es que poner sobre la mesa la idea de una farmacia que beneficie a alguien más que a sus dueños es un golpe a la cátedra.

    Dicho esto, es obvio que también hay gente que mira esta iniciativa con malos ojos. Algunos la tildan de populista, debido a que quien la implementó fue Daniel Jadue, militante del Partido Comunista, pero sobre todo porque dicha medida dejó en evidencia un secreto a voces; un “grito y plata” que vació los bolsillos del ciudadano trabajador, para así llenar los del jugador. Los del especulador, el comerciante de poca monta que gracias a los Chicago Boys se convirtió en un hidalgo señor ante las miradas de un pueblo que muchas veces no sabe que hacer para que sus enfermos puedan permanecer junto a ellos.

     farmacia popular

    Pero más allá de lo mencionado, Jadue fue lo suficientemente inteligente para hacer política desde una municipalidad utilizando las herramientas que un Lavín malamente usó en los ’90, para así colaborar con una discusión importante. El alcalde de Recoleta usó los pocos instrumentos que se pueden usar en esta sociedad retail y en donde recién hoy nos preguntamos si lo que vendemos resulta moral venderlo. Es decir: nos invitó a conversar de manera concreta con respecto a un tema al que aún le tememos y que corresponde a si somos ciudadanos o comerciantes.

    ¿Podremos ir dejando así las grandes agonías frente a la caja de las farmacias? No se sabe realmente, pero lo importante es que por lo menos esta agonía se hace más visible y palpable. Y esa es la única manera en que nos demos cuenta de que lo que vivimos a diario carece de normalidad. Y sobre todo podremos terminar concluyendo que lamentablemente nuestra “normalidad”, hoy en día, se define según las ansias de algunos.

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