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INMIGRANTES: ¿Cómo viven los haitianos en Chile?

Escrito por MQLTV

    La población de inmigrantes se ha incrementado de manera importante en los últimos años. La interculturalidad es evidente en nuestro territorio, lo que se puede apreciar en lugares emblemáticos de la capital, caso de Plaza de Armas. En el tradicional lugar emplazado en el kilómetro uno de la ciudad de Santiago se puede ver cómo conviven, cotidianamente, chilenos y extranjeros.

    HAITIANOS3

    Peruanos, colombianos, bolivianos, haitianos y dominicanos, entre otros, se multiplican en la zona típica del centro, donde es habitual ver cómo extranjeros intentan encontrar su lugar en Chile, que en Antofagasta tiene a cientos de aventureros foráneos haciendo comunidad con un sacerdote entre ellos, “el vecino Felipe Berríos”.

    Consultado respecto de su experiencia junto al asentamiento que comparte con chilenos y extranjeros, el S.J, uno más de los habitantes de “La Chimba”, cuenta cómo se construye la relación entre los distintos habitantes del emblemático campamento emplazado en la II Región, uno de los más pobres de Chile. Y al respecto es categórico.

    FELIPEBERRIOSEDITADA

    “La gente que vive en el campamento La Chimba en un 90% es inmigrante y eso es más o menos así en todos los campamentos de Antofagasta. La gente se lleva muy bien pues en las condiciones de un campamento tienes que unirte. La pobreza te iguala y quedan atrás los nacionalismos, salvo en caso que haya bromas y cosas (en este estilo)”, pormenoriza.

    El líder eclesiástico rescata también el valor del foráneo. “Los migrantes suelen ser gente extraordinaria, dejaron su tierra y su familia y vienen a trabajar y progresar”, testimonia. Y agrega que “son una riqueza para el país”.   

    Son cerca de tres mil familias entre colombianos, bolivianos, peruanos y otros quienes buscan un mejor futuro en Chile, hasta donde llegaron con la certeza de que acá se puede vivir con mejores expectativas. Y Berríos es testigo del esfuerzo por salir adelante lejos de su tierra. “Es gente que viene a trabajar, mi experiencia es que los problemas que he tenido se dan con chilenos, que son más flojos. Los extranjeros tienen buen trato, su vida es trabajar, llegan temprano siempre”, cuenta. ¿Tienen instancias de distensión? “Los domingos a veces tienen tiempo de compartir, pero si pueden trabajar, trabajan”, ilustra el sacerdote que lleva dos años instalado en el norte de Chile, lo que lo hace voz autorizada para hablar de las relaciones construidas desde la base de la colaboración, el respeto, la integración y la dignidad de las personas.

    HAITIANOS4

    “En general los chilenos somos como isleños, nos llama la atención el extranjero y uno tiende a ser desconfiado, pero eso después cambia. La gente ha sido acogedora, lo que yo he visto es que no ha habido problema. Son otros sectores de la sociedad los que discriminan. Y como la mayoría de los extranjeros trabaja en servicios, como en la bomba de bencina y en restaurantes, se piensa que está lleno de extranjeros, pero no es así”, comparte convencido.

    Hay veces en que los vínculos entre nativos y foráneos trascienden a la amistad o a la convivencia supeditada a una extensión de tierra compartida. “Hay pololeos, niños que nacen de un chileno con un extranjero, niños con papás inmigrantes. Con esto vamos a expresarnos mejor, la mezcla enriquece, para nosotros en todos los sentidos nos favorece. (Abrir las puertas) nos hace más humanos, rompe prejuicios, ganamos nosotros”, es su certeza. Tal es la seguridad de su discurso que incluso piensa que los chilenos “nos vamos a empobrecer como país si no nos abrimos a otras culturas”.

    Respecto del actual sistema de visas que otorga el Estado, Berríos es crítico. “Esta es una inmigración que la hizo el mercado (laboral), el Estado se nutre con esta cantidad de gente que hay que proteger y ayudar. Existe la voluntad, pero si no está acompañada de lo social y cosas concretas, no pasa nada. Algunos creen, pensando en Europa, que es conveniente que nos pongamos más estrictos, eso es ridículo porque hoy viajar es muy fácil, además nosotros tenemos mucha frontera en el norte. Decimos que los inmigrantes ingresan como turista, cuando sabemos que no vienen a turistear. Las visas son de turistas, si diéramos visa de trabajo por tres años, al ser así (al extranjero) lo tengo controlado, sé quién es, pero si entran ‘a la maleta’ como turistas y después quedan ilegales, no hay control.

    CARGADOR

    “Y aparecen estas mafias, que los hacen vivir en conventillos y nos damos cuenta de que los extranjeros existen cuando hay un incendio y mueren quemados. Algunos viven hacinados como ratones”, nos comenta quien observa cómo muchas veces los chilenos son muy poco amables, tanto así que incluso generan ambientes de mayor adversidad para los extranjeros, aprovechándose por ejemplo a través de “arriendos muy caros para personas que a veces lo único que conocen en el país es el mismo campamento porque muchos de ellos llegan sólo con lo puesto, gente que en Chile no tiene redes de apoyo ni familia, que viven en un país que no conoce las leyes y no los trata bien”.

    Pero es justamente esta compleja realidad la que hace que entre ellos surja otro tipo de vínculo, mucho más cercano. “Se cohesionan más”, testimonia “el vecino Berríos”, detractor de esta particular forma de recepcionar al extranjero de color, esa que define como un “clasismo estúpido y ridículo que nos tiene fregados como país. Pero si viene un francés, alguien que es alemán, es distinto”, dice quien se encuentra feliz conviviendo con su gente en “La Chimba”, rodeado de inmigrantes que como él mismo reconoce, son gente buena. Y de ahí no piensa moverse. “Me voy a quedar hasta que me echen, ya soy un antofagastino total”, dice desde una realidad que lo contenta y satisface.

    La voz de los inmigrantes

    Y desde el Movimiento de Acción Migrante, colectivo que representa a los miles de extranjeros que en Chile luchan por una mejor legislación, que los respalde y les permita mejorar su calidad de vida lejos de su tierra, Tatiana Albuja nos pormenoriza acerca de la realidad del foráneo radicado en nuestro país, además de lo que significa para un país abrir sus fronteras.   

    TATIANA

    Consultada puntualmente respecto de cuáles son los beneficios de una sociedad que se construye desde la interculturalidad Albuja, quien también es presidenta del Consejo Consultivo Nacional de Migraciones, piensa que “legitima en cuanto a la riqueza cultural, es positivo, (se accede a) otras miradas, hace bien para el proceso productivo”. Y agrega que, en este sentido, “Chile tiene un largo camino por delante, hay avances que tienen que garantizarse, el gran desafío de Chile (se puede generar) a través de una conducta normativa que pueda consolidar los tratados internacionales que suscribe y va firmando. Se tienen que internalizar los protocolos a través de una normativa interna”, dice transparentando sus expectativas. Su certeza es que hay mucho que hacer, que la realidad nacional incluso está anclada a “la época de la Colonia” y que “hay que plantearse otro tipo de país”.

    No obstante lo anterior, al menos hay cierto nivel de avance que rescatar. Circunscrito principalmente al universo de los más pequeños, quienes sin duda pertenecen al rango etario más integrador. “Los niños no saben qué es negro y blanco, ellos vienen con la página limpia. Y en el caso de los jóvenes, pasa que tienen esta mirada de querer un país que sea más de ellos, vienen despejando este tema. Es tan así que los que impulsan el tema de la diversidad son personas de no más de 40 años, se está instalando esta tendencia, pero a paso bien lento”, aclara aterrizando su realidad, como ecuatoriana que es y la experiencia acumulada en casi dos décadas y media radicada en Chile.

    La socióloga que vive hace 23 años en nuestro país comenta que su arribo no estuvo exento de dificultades. “Para mí fue difícil adaptarme, pero fui privilegiada porque estaba casada con un chileno, aunque fue difícil en lo laboral, me sentí cuestionada en mi ejercicio profesional”, comenta Albuja.

    Pero así como el extranjero se enfrenta a escenarios adversos al llegar, también hay espacios donde la recepción es distinta. “En las comunidades, juntas de vecinos, centros de alumnos, ahí hay un nivel de interacción, (una voluntad de) sacar adelante ideas y proyectos. Cuando eres comunidad hay empatía con las necesidades de otros, existe una buena recepción en el trabajo de los pequeños proyectos”, complementa al tiempo que ahonda en tema de las creencias asumidas colectivamente como realidades que no son tales. Y, en este sentido, los celos ocupan un lugar de rango. Y se expresan en distintos ámbitos que Tatiana pormenoriza. “Hay mitos, esa creencia de que ‘me van a quitar el trabajo, el pololo’, eso viene desde la Colonia. Y no es verdad”, aclara y agrega que “el inmigrante viene a ocupar puestos de trabajos que el chileno no ocupa, hay muestras de que el inmigrante no quita nada, incluso hay ingenieros trabajando de obreros”.

    COREANO

    Afortunadamente la realidad parece estar cambiando. No a la velocidad esperada, pero al menos evolución hay. “Recién ahora Chile tiene esta mirada de lo diverso, (antes se pensaba que) aquí no había negro, lo que no es cierto porque siempre hubo”, es su certeza.

    Por último, Tatiana Albuja nos comparte una instancia que asume como una gran noticia para ella y el colectivo que representa. “Nos han invitado a participar en el Censo, se va a hacer un precenso este año. Ahora viene el tema de los inmigrantes, vamos a participar en la prueba del instrumento, saber quiénes somos, cómo estamos y en qué podemos aportar”, concluye.

    El fenómeno migratorio de Chile en cifras

    De acuerdo a información entregada por el programa “El Informante” de TVN, en su emisión del 28 de septiembre de 2016, en el listado de los países con mayor flujo migratorio de la OCDE se encuentra justamente Chile, junto a Dinamarca y Alemania.

    En el mismo espacio se entregaron cifras acerca de la población extranjera en nuestro país. Como por ejemplo que “por cada extranjero en Chile, hay dos chilenos fuera. Y el universo de inmigrantes está constituido por cerca de 500 mil”.

    Pero hay una población que se incrementa rápidamente en nuestro país, la de los haitianos, quienes están ingresando a Chile en una cifra que supera los 100 diarios, en promedio. La causa de esta creciente inmigración está vinculada específicamente a las precarias condiciones del acotado mercado laboral de Haití, lo que ha redundado en un alza de 731% sólo en los últimos tres años. Y del universo total, sólo un 11% ha regresado a su país de origen.

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    Un dato revelador transparentado en las últimas semanas por El Mercurio, habla de un ingreso anual de haitianos que ha crecido de manera relevante, pasando de 2.428 hace 36 meses, a 20.196, número sólo circunscrito al primer semestre del año en curso.

    “Chileteanos”

    Provenientes de distintas ciudades de Haití, los inmigrantes llegan a Chile a desempeñar diversas labores y actividades entre las que destaca la mantención de un canal de televisión. Se trata de ANYTV, plataforma mediante la cual canalizan sus inquietudes, dan a conocer su cultura y se manifiestan respecto de temas varios, como su convivencia con los chilenos a partir de distintas instancias, como el fútbol, viendo específicamente en Jean Beausejour, el seleccionado nacional de origen haitiano-chileno, a uno de sus representantes más significativos. Ídolo de la comunidad haitiana, y específicamente de los niños, al deportista se le ve como un “gran referente”. “Es el sueño de muchos niños”, comentan desde el interior de la comunidad extranjera asentada en nuestro país, en la capital principalmente en comunas como Quilicura, Recoleta, Independencia y Estación Central, donde incluso hay quienes se hacen llamar “chileteanos”.

    FÚTBOL

    Para el haitiano las instancias de distensión están dadas principalmente por el fútbol. Y es en el Estadio Municipal de Quilicura donde la convivencia se ve en su mayor expresión. Hace algunos años en su escuela de fútbol se entrenaba sólo a chilenos, escenario que ha cambiado con la incorporación de varios chicos haitianos. Quien asume la responsabilidad de la formación deportiva de los alumnos es Raúl Ormeño, ex jugador de Colo-Colo y la Selección, una persona que sabe perfectamente cómo opera la integración entre nacidos en ambos países.

    “A los niños chilenos les da lo mismo la actitud o el color, porque están jugando, en ese aspecto son uno más (los haitianos)”, comenta el otrora referente del equipo albo a T13,cl, plataforma en la que los más pequeños mostraron, a través de un reportaje, cómo viven una de sus grandes pasiones. Fanáticos principalmente del equipo de Macul y de seleccionados como Arturo Vidal, Eduardo Vargas y Alexis Sánchez, además de Beausejour, a quien destacan como “el más bacán”.

    BEAUSEJOUR2

    Y cuando llega la noche, las actividades son otras. “Cada fin de semana la música hace bailar al zombie más zombie”, dicen respecto de la instancia de entretención amenizada con entusiastas bailes que cuando cae la noche enciende la comuna de Quilicura. El escenario es el “Club Kokoye”, una especie de discoteque en la se comparte la pasión por la buena música y las ganas de divertirse.

    Los domingos la prioridad es Dios. Y así como el fin de semana algunas ferias libres de Estación Central donde la comunidad haitiana llega en masa a comprar productos específicos que tienen que ver con una oferta exclusiva para ellos, la iglesia Santa Cruz, de la misma comuna, recibe a cientos de fieles que ven en este lugar una posibilidad de vivir más intensa y reflexivamente su fe. Con fervor, como dicen ellos mismos. La misa se celebra en francés en este recinto al que los feligreses llegan muy bien vestidos, una manera de relevar esta actividad.

    NIÑAFELIGRES

    El apoyo de una ONG exclusiva para los haitianos

    Respecto del fenómeno de la creciente inmigración de población proveniente del país cuya realidad cambió radicalmente tras el terremoto de enero del año 2010, el más devastador en 200 años en el país correspondiente a las Antillas francesas, que dejó un saldo superior a los 300 mil muertos y una cifra superior a un millón de damnificados, se pronuncia Wilner Petit-Frere.

    El nativo de Haití que reside hace cinco años en territorio nacional es quien lidera la ONG Organización sociocultural de los Haitianos en Chile, colectivo a través del que se brinda colaboración en asuntos varios a quienes llegan al país. “Es una ONG para orientar a los haitianos recién llegados. Tenemos clases de español, los ayudamos a conseguir arriendo y los orientamos para que consigan su visa de trabajo”, pormenoriza el representante de la comunidad extranjera al tiempo que ilustra respecto de los requisitos mínimos exigidos por el Gobierno para el ingreso a Chile de haitianos.

    “Son mínimo 1.000 dólares americanos, cuando se llega como turista (la mayoría) se pide pasaje de ida y vuelta”, cuenta. Y aclara que “con visa de trabajo no es fácil venir”.

    FERIA

    Su caso no es distinto al de la mayoría. “Yo llegué como turista, trabajo como misionero evangélico y para mantenerme, en un centro de servicios como vendedor, pero llegué como misionero a ayudar a los haitianos”, testimonia quien en primera instancia se instaló en solitario en Chile, dejando a su familia en su país. Transcurridos dos años, Wilner se la trajo.

    Actualmente tiene a sus papás y a sus hermanos en su natal Haití, donde las condiciones de subsistencia son muy precarias. “Me gustaría sugerir que vinieran, acá hay posibilidades de vivir mejor, hay oferta de trabajo”, dice desde su propia empiria.

    WILNER

    “Después del terremoto todos los haitianos buscaban una salida, Chile nos pareció fácil. Para muchos lo que estaban esperando finalmente no fue. Para mí no, no me parece tan complicado. Escucho a muchos que encuentran distintos problemas, como el clima, acá hace mucho frío. Todo para los haitianos es diferente, el color de la piel, todo. Y cuando un haitiano llega acá tiene que empezar de cero. Allá la crisis política hace que sea difícil, y acá aunque sea complicado, se consigue trabajo”, cuenta.

    En relación al incremento de haitianos en nuestro país, Wilner lo atribuye a que acá “hay una oportunidad, Haití está cambiando, va de mal en peor, por eso en República Dominicana hay muchos haitianos. Y en Chile también”.

    ¿Desde qué lugares se insertan en la economía nacional? Petit-Frere dice que “hay un grupo que está en la construcción, en ferias como Lo Valledor y también en bombas de bencina”.

    Pese a que las condiciones en el país son mejores que en la isla, “pasa bastante que trabajan mucho y reciben muy poco dinero”, agrega nuestro entrevistado.

    ¿Cómo es la recepción? “Nos reciben bien, hay muchas chilenas a las que le gustan los negros, a las mujeres mayores también”, dice luego. Y respecto del ambiente laboral en el que se desenvuelven los haitianos, Wilner cuenta que “hay muchos empleadores que son un poquito ignorantes con los haitianos, cuesta mucho si no se tiene visa de trabajo”.


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