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Un nuevo paradigma

Los hombres feministas chilenos

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    Mientras un 68,6% de los hombres chilenos cree que en materia de equidad de derechos entre ambos sexos ya se ha avanzado lo suficiente, otros han comenzado a cuestionar los privilegios que la sociedad les entrega y sus conductas machistas frente a sus amigas, sus compañeras de trabajo y sus parejas. Participan en organizaciones y colectivos, haciendo talleres o conversatorios, con el objetivo de visualizar los problemas de discriminación hacia las mujeres y cuestionar el mandato clásico de masculinidad, que sienten como una imposición social hacia ellos. Estos son los hombres feministas que están cambiando el paradigma del feminismo en Chile.

    *Por Emilia Duclos / Gráfica por Anna Pistacchio

    pablo gómez en la alzada, marcha pro aborto 25 julio

    Pablo Gómez (24) llegó al Liceo de Aplicación cuando tenía doce años. Venía de un colegio mixto y por obligación tuvo que entrar a un establecimiento solo de hombres. Durante toda la media vio y vivió conductas que hoy reconoce traumáticas: se masturbaban en la sala o jugaban a puntear por detrás a los compañeros más pernos del curso. No participaba de esas dinámicas y por eso lo apartaban. “Yo rechazaba todo eso, me cuestionaba ese estereotipo de masculinidad y dominación. Y si no te gustaban esos espacios, eras un nerd, un raro, un gay. No podías simplemente ser alguien piola”, recuerda. Para la movilización pingüina del 2006, sus amigos se empezaron a juntar con niñas del Liceo 1 y Pablo escuchó muchas veces comentarios despectivos hacia sus amigas: “esta mina anda con la regla, mejor que se quede callada”, “ella no sabe nada, que no sea vocera”. Veía que para sus compañeros todo lo femenino era incorrecto y se sentía inseguro, diferente, se preguntaba si sus conductas eran normales para un hombre de su edad.

    Al salir del colegio, Gómez entró a estudiar Sociología en la Universidad Alberto Hurtado y tomó en segundo año un curso sobre género y raza en Latinoamérica que le abrió la mente: entendió que todos sus cuestionamientos hacia el modelo de masculinidad de su colegio respondían a una estructura patriarcal y comenzó a leer sobre feminismo. Así fue cómo en 2013 comenzó a participar en colectivos feministas y hoy es uno de los cuatro militantes hombres que tiene La Alzada, una plataforma de corriente política libertaria surgida en la Universidad de Chile a fines de 2012, la cual se hizo mediáticamente conocida gracias a Melissa Sepúlveda, ex presidenta de la Fech y una de las primeras militantes feministas de la agrupación.

    Ser un hombre feminista es visibilizar el rol que ha tenido la mujer a lo largo de la historia y reconocer la desventaja que tienen frente a los hombres.

    Pablo entró a La Alzada en 2014 y, como cualquier miembro, hombre o mujer, le pidieron seriedad en su militancia y el compromiso de mantener relaciones horizontales con sus pares. “A diferencia de otras agrupaciones políticas universitarias, en La Alzada es muy importante que no existan espacios patriarcales de discusión fuerte, de quién se hace escuchar más, de tratarse mal o descalificarse. Todos los plenos son muy catárquicos, nos cuestionamos si lo estamos haciendo bien o mal, hablamos de cómo nos sentimos, hay mucha afectividad”, cuenta Gómez. La Alzada actualmente hace talleres en liceos para generar discusión sobre distintas temáticas, como la educación sexista en Chile y el aborto, organiza conversatorios y trabaja con el sindicato de trabajadoras de casa particular inmigrantes, en talleres de empoderamiento y conversatorios sobre los problemas que tienen las mujeres extranjeras. También participa en la organización de marchas y actividades públicas junto a otras agrupaciones.

    Para él, ser un hombre feminista es visibilizar el rol que ha tenido la mujer a lo largo de la historia y reconocer la desventaja que tienen frente a los hombres, quienes siempre han contado con privilegios que la sociedad les entrega constantemente, como que sus opiniones sean más valoradas y escuchadas o que tengan menos responsabilidades en cuanto a los cuidados reproductivos y la prevención del embarazo. “Cuando tomé conciencia de esos privilegios, comencé a tratar de apaciguarlos y a no seguir reproduciéndolos. A los hombres, por ejemplo, nos cuesta escuchar y estar atentos, siempre tenemos que hablar en algún momento”, reconoce.

    pablo gómez con la alzada

    Lo que opinan las mujeres

    El pasado 25 de julio fue la tercera marcha por un aborto libre, seguro y gratuito del año, en donde las organizaciones feministas se tomaron Plaza Italia para rechazar el actual proyecto del gobierno, que lo contempla en solo tres causales: por violación, inviabilidad del feto o riesgo vital de la madre. Al igual que en la última marcha del día de la mujer, de los dos mil asistentes que habían, por lo menos un tercio eran hombres. “Cuando mi papá me ve marchando con una bandera rosada se ríe y me dice que el feminismo es solo para mujeres, no lo puede entender”, confiesa Cristóbal Badilla (21), uno de los siete militantes hombres de la organización Pan y Rosas, mientras camina junto a una compañera al lado de un lienzo que dice “mujeres combativas de pie, por nuestras venas corre la lucha de todas las obreras”.

    cristóbal badilla con pan y rosas

    Una tela con flores de colores y letras bordadas que dice “las mujeres abortamos” encabeza la marcha dirigida hacia Andrés Bello con Salvador. Una de las cuatro mujeres que sostienen el lienzo es Angie Mendoza (32), vocera de la Coodinadora de Feministas en Lucha (CFL). Esta plataforma agrupa a más de 20 colectivos, entre las que se encuentran La Alzada, la Marcha Mundial de Mujeres, agrupaciones de disidencia y diversidad sexual como la CUDS y A Quemar el Closet, algunas de regiones como Histeria Colectiva y otras de estudiantes secundarios, como el colectivo El Estropajo. Angie calcula que hoy en Chile debe haber más de 50 agrupaciones que se declaran feministas, la mayoría de mujeres jóvenes. Cree que el movimiento estudiantil influyó mucho en este apogeo y que hoy hablar de feminismo ya no es un estigma como antes: “Nadie te pescaba, había prejuicios: mujeres lesbianas, que no se depilan… hay una serie de cuestiones que las cabras más jóvenes han roto. Hay un cambio en la estética feminista”. Para la vocera de CFL las principales luchas del feminismo en Chile, además del aborto, son el acoso callejero, la educación sexista impartida en los colegios y la brecha salarial y de carga laboral existente entre mujeres y hombres trabajadores.

    feministas en lucha

    Carolina Franch, antropóloga e investigadora del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Chile (CIEG), recalca la importancia del feminismo como una transformación cultural que permite que hombres y mujeres, a pesar de sus diferencias, puedan valorarse por igual: “No es y nunca ha sido lo contrario al machismo. No es pretender posicionar a la mujer sobre el hombre, sino que ambos, con sus diferencias, deben valorarse. Darse cuenta de la discriminación de género y de lo cómplices que somos no es un lugar fácil, hay todo un desprestigio y la gente critica sin conocimiento, por eso nuestros colegas no son feministas ni quieren serlo”.

    Para Angie Mendoza es importante que los hombres adhieran al feminismo y participen en las agrupaciones. Cree que no debe existir un sensor corporal para decidir quién es feminista y quién no lo es. “Y tampoco es que todas las mujeres participen en el feminismo solo por tener genitales femeninos”, afirma. En cambio Debbie Guerra, reconocida antropóloga feminista, militante de la Red de Mujeres de Valdivia, es más escéptica frente a  la participación masculina en el movimiento de mujeres. Sus años de militancia, desde los ‘80, en plena dictadura, y su experiencia trabajando con ellos en política, le hacen oponerse a la idea de que integren los espacios femeninos porque tienden a decir qué cosas hay que hacer y cómo las mujeres las pueden llevar a cabo, marcando su propia agenda dentro de los colectivos. “Es complejo, porque ellos no tienen experiencia de lo femenino. Ejercen su masculinidad y empiezan a copar espacios que no les son propios. A nosotras lo público nos cuesta un poco más porque es como hablar en segunda lengua, porque lo empezamos a aprender no hace mucho. Evidentemente el que va a tener la hegemonía es el que es nativo en ese lenguaje. Y los hombres lo son”, dice Guerra. Aun así, cree que es importante que trabajen entre ellos sus asuntos de masculinidad y género, sin la intervención de las mujeres.

    Para Angie Mendoza es importante que los hombres adhieran al feminismo y participen en las agrupaciones. Cree que no debe existir un sensor corporal para decidir quién es feminista y quién no lo es.

    Hombres feministas en el mundo

    Cuando Carlos Castro (26) conoció en Chile a Christine Plathner, activista feminista y militante del partido sueco Feministiskt Initiative, no la entendía. Le decía que estaba loca, que el feminismo era lo mismo que el machismo pero al revés, que lo encontraba absurdo. Pero ella le explicó con paciencia en qué consistía y le habló sobre la lucha por la equidad de género en Suecia. Comenzaron una relación, Carlos se fue a vivir a Europa y abrió los ojos: “Sentí que toda mi vida había sido feminista y me siento orgulloso de serlo. Para mí el feminismo es ver a un hombre y a una mujer de la misma forma, es no verme a mí como un macho con ciertos roles. Es considerarme como un individuo libre, expresarme como quiero, vestirme como quiero”, dice hoy después de cinco años de pololeo.

    Cuando vienen de vacaciones a Chile, para ver a la familia de Carlos, son muchas las situaciones que le chocan y que antes de irse a Suecia no cuestionaba. Por ejemplo, los gritos y comentarios sexistas de los hombres cuando ven un partido de fútbol, que es algo que no existe entre sus amigos suecos, y el acoso y los comentarios en la calle, que terminaron por cansar a Christine. “Estaba harta de que le gritaran cosas. En Suecia la forma de acercarse a las mujeres no es canchera, si le dices un piropo no te pescan”, dice Carlos. Suecia hoy se ubica en el cuarto lugar de los países con más igualdad de género, según un ránking anual elaborado por el Foro Económico Mundial que analiza la situación en 142 países. Chile está en el puesto 66 y es de los nueve países más desiguales de Latinoamérica.

     feministiskt initiativ

    A nivel mundial, ya no son solo organizaciones de las Naciones Unidas o instituciones de mujeres las que están trabajando el problema de la inequidad de género. Hace 10 años que existe la red MenEngage, que agrupa y coordina a ONGs de hombres en todo el mundo que luchan por la igualdad. Gary Barker, investigador de masculinidades estadounidense, fue el precursor de esta plataforma y hoy es co-director global. Se considera feminista porque para él denominarse así es una forma de honrar el feminismo histórico. Desde pequeño le inquietaba la violencia de género, pero cuando fue testigo de un asesinato entre dos compañeros al interior de su colegio en Texas, que peleaban por una mujer, su postura se agudizó y entendió que esa agresividad provenía de una visión errada de masculinidad.

    Entró a Unicef para trabajar el problema de la explotación sexual de niñas y mujeres en Latinoamérica, sobre todo en Centroamérica y Brasil, con el objetivo de hacer redes de protección para las víctimas. Pero algo no le calzaba a Barker en su trabajo, ¿qué pasa con el hombre que paga por sexo y es parte del proceso de explotación? ¿Basta solo trabajar con las mujeres? “Me di cuenta de que si queremos llegar a la equidad es necesario prevenir todas esas formas de violencia desde sus raíces y, por lo tanto, entender que existe una estructura patriarcal que hay que cambiar, no solo mencionar”, afirma.

    “Para mí el feminismo es ver a un hombre y a una mujer de la misma forma, es no verme a mí como un macho con ciertos roles”. -Carlos Castro

    Les propuso a algunas fundaciones en Brasil trabajar con hombres para saber qué piensan y qué hacen respecto a sus relaciones de pareja y sus prácticas sexuales. Comenzó a indagar sobre el tema de masculinidades, un campo de investigación de género surgido en los ‘90 que cuestiona el referente social clásico de la masculinidad de los hombres, y creó la organización Pro Mundo en 1999, con la que empezó a generar redes con otras organizaciones que trabajaban con hombres. Así, entre 2004 y 2005, surgió MenEngage, en donde hoy participan más de 700 instituciones a nivel global. “Como tema ha crecido mucho. Hicimos el año pasado un simposio global, el segundo de MenEngage, sobre hombres y equidad de género en Delhi, y fueron más de 1.200 personas de todas partes. Como campo académico, ahora hay muchos departamentos de estudios de género en donde se habla de masculinidades. Y ha crecido el número de artículos, de libros y de estudiantes que nos buscan queriendo saber más del tema. Hay un consenso de que no se puede lograr la equidad de género sin los hombres”, cuenta Gary Barker.

    Observa que en los últimos años ha habido un boom de hombres que se consideran feministas en el mundo, sobre todo en la población más joven, urbana y educada. Aun así, cree que para convertir ese cambio en prácticas reales tienen que mejorar las políticas públicas en cuanto a igualdad de género, paternidad y salud sexual.

     hombre feminista

    Masculinidades en Chile

    Un 68,6% de los hombres afirma que ya se ha avanzado lo suficiente en equidad de género, un 54,4 % dice que el rol más importante de la mujer es cuidar de su hogar y cocinar para su familia, un 45,6% cree que cambiar pañales, bañar y alimentar a los niños o niñas es responsabilidad de la madre y un 59% confiesa que le desagrada ver a un hombre comportarse como mujer. Estos son algunos de los resultados arrojados por la última encuesta Images en Chile, realizada en 2011 en varios países del mundo con la coordinación de Promundo y el International Center for Research on Women (ICRW).  “Hay mucha gente que vive en la ilusión de que estamos en un mundo igualitario y eso revela ignorancia. Encontramos también muchas contradicciones: hombres que pueden tener un discurso progresista en cuanto al trabajo y al cuidado, pero que son muy homofóbicos. O un discurso muy participativo en el tema de la paternidad, pero que finalmente no se lleva a cabo”, analiza con preocupación Francisco Aguayo (42), fundador de la organización EME, de masculinidades y equidad de género en Chile.

    Francisco Aguayo está sentado en su mesa de comedor a las 10 de la mañana un día de semana, algo poco usual para la mayoría de los padres chilenos que salen temprano a la oficina. Trabaja la mayor parte del día en su casa para poder estar con su hija de tres años y llevarla al jardín, prepararle el almuerzo y cuidarla si se enferma. Su pareja es diseñadora y trabaja en las mañanas y vuelve en la tarde a la casa. Ahí Francisco parte a atender su consulta hasta las ocho de la noche. Ser un padre activo en la crianza no fue lo que le tocó, sino lo que eligió. Mientras era estudiante en la Universidad Católica, participó en un proyecto sobre paternidad activa, organizado por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación (CIDE), y desde ahí que nunca más soltó el tema.

    francisco aguayo

    En 1999 el CIDE decidió organizar un seminario de masculinidades, en donde la paternidad era uno de los ejes más importantes, e invitaron a distintos expositores internacionales y nacionales. Fue ahí cuando Francisco conoció a Gary Backer, del cual sabía que era uno de los investigadores más importantes sobre este tema a nivel global. “Ese vínculo fue súper importante para conectarnos con otras ONG que hacían trabajos similares, así que muy tempranamente entré a esas redes y empecé a ir a los congresos”, recuerda Aguayo. Hoy preside la organización EME, que realiza investigaciones, talleres y programas educativos con ONGs, el Gobierno y la red MenEngage.

    Hasta el momento, en Chile existen dos agrupaciones, exclusivas de hombres, que trabajan el tema de género y masculinidades: Poroto, que se constituyó en 2007, y Hombres (de)construyéndose, que desde 2009 hace talleres y conversatorios en Valparaíso con maltratadores, presos, jóvenes y padres.

    Su masculinidad, distinta a la que recuerda de su padrastro y sus antiguos amigos, la ha ido construyendo junto a hombres que día a día intentan llevar la equidad de género a todos los planos de sus vidas.

    Claudio Pérez-García es uno de los fundadores de este colectivo. A los 20 años y siendo un estudiante de trabajo social, le tocó asumir la paternidad de su hija. Era él el que le preparaba la comida y se encargaba de llevarla al consultorio, mientras su pareja estaba en clases. Llegaba al doctor con el bolso de los pañales y la mamadera lista, y siempre le preguntaban por la mamá.

    -Pero si yo soy el papá, ella no pudo venir -respondía.

    -Ah, entonces dígale a la mamá que su hija tiene que tomar este remedio y este otro.

    “Me daba rabia, me molestaba, pero no lo veía aún como un problema cultural, no pensaba que esa discriminación era parte de la inequidad de género”, analiza hoy a sus 45 años.  Trabajando durante nueve años en una casa de acogida de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar, se dio cuenta de que en la práctica el típico discurso de separarse del hombre maltratador no funcionaba. La alternativa era ayudarlos en el proceso para volver a estar juntos y, para eso, había que escuchar y conversar con los hombres.

    c pérez

    Comenzó a plantearle estas contradicciones a José Carvajal, el miembro más longevo del colectivo con 69 años, y se dieron cuenta de que era necesario crear un espacio para conversar qué es lo que los hombres sienten y cómo pueden mejorar sus relaciones con los demás. A través de seminarios sobre género fueron conociendo a los actuales integrantes y conformaron la agrupación, que hoy tiene seis participantes, todos porteños.

    No olvidan que por ser hombres muchas veces son más escuchados que las mujeres feministas y se les da más tribuna en seminarios o actividades estatales. “Eso igual es más o menos incómodo, como ‘oye qué buenos estos hombres, aprendamos de ellos’. Nosotros venimos de la resistencia del feminismo y no podemos olvidarnos de eso”, dice Hernán Silva (31), uno de los integrantes. No se consideran feministas porque creen que es una falta de respeto apropiarse del término. “¿Cómo me puedo definir así si no tengo la experiencia de estar en el cuerpo de las mujeres, de vivir en una sociedad machista, de que me griten en la calle?”, aclara Claudio Pérez-García.

    En los últimos años ha habido un boom de hombres que se consideran feministas en el mundo, sobre todo en la población más joven, urbana y educada.

    Todos en el colectivo se sienten diferentes a sus amigos y compañeros de trabajo. A veces pueden llegar a ser odiosos criticando lo que no les parece y, a pesar de que les gusta ver fútbol, no comparten los chistes sexistas y evitan gritar consignas que feminicen al equipo contrario. “Si es un amigo tuyo el que tiene actitudes que no te parecen, tú le puedes decir perfectamente que te molesta, pero también es difícil estar siempre en la posición del paco porque además no te entienden, te dicen ‘ya salió con la hueá’”, dice Hernán Silva.

    Según José Carvajal, se consideran mejores amigos y se juntan porque tienen la necesidad de verse y conversar sobre lo que sienten. Cuenta que antes de estar en el colectivo, un día se encontró con un amigo que estaba muy triste por su separación. Le pidió un abrazo y José, desconfiado, se corrió, dudando de sus intenciones. “Ya, si no soy maricón, quiero que me abracen, que alguien me acoja”, le dijo. Ese momento lo marcó, lo hizo cuestionarse cómo estaba relacionándose con los demás. A más de 10 años de ese momento, dice que se considera una persona más sensible y mucho más afectiva desde que está en el colectivo. Su masculinidad, distinta a la que recuerda de su padrastro y sus antiguos amigos, la ha ido construyendo junto a hombres que día a día intentan llevar la equidad de género a todos los planos de sus vidas.


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