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CRÍTICA GASTRONÓMICA: “Madam Tusán”

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    Hubo un momento en la historia de la humanidad que pasó un tanto desapercibido pero que marcó profundamente el devenir de esta. Este hecho tiene varias dimensiones tremendamente alucinantes y fantasiosas, como sacadas de la ciencia ficción y que me limitaré a no describir para que no piensen que estoy bajo los efectos de algún tipo de alucinógeno oriental.

    Entre dragones, gigantes nacidos de un huevo, personajes salidos de un lago para fundar un imperio, la pólvora, el sol, una Muralla, Machu Picchu, arroz, ají, unos peruanos y hartos chinos… ¡boom! El mundo estaba ante el nacimiento del Chifa, la fusión perfecta entre dos culturas milenarias.

    Y aunque esto pasó hace poco más de 100 años -y aprovechando este tiempo marcado por árboles con nieve y viejitos de barba súper abrigados con 35° de calor para inspirarme-, en tiempos en que la gastronomía peruana tenía como emperador a Gastón Acurio, cursando los años del segundo milenio de nuestra era y en un país que fue sede de Imperio y Virreinato; el Chifa se hizo carne, se hizo espacio, se hizo fusión, se hizo Madam Tusán y habita entre nosotros en el Costanera Center y en el Parque Arauco.

    -Ahora pasaré a escribirlo en forma que se entienda-

    El Chifa es la fusión gastronómica perfecta que se generó producto de la migración china en el Perú. Hablar de Chifa no es hablar de lo primero que podría venirnos a la cabeza al escuchar “comida china”. Para nada. Es hablar justamente de algo que dejó de llevar esa segunda palabra para traducirse en el nombre “Chifa”, es hablar del encuentro feliz entre el wok chino y ají peruano, por poner un ejemplo.

    Hoy no es novedad que la gastronomía peruana ha ido ganando un lugar en el corazón del paladar chileno, pero para muchos sí es novedad que exista una comida fusión llamada Chifa y más aún que esta mistura, fiel representante de la gastronomía peruana tenga un lugar especial para disfrutarlo y en dos de los más conocidos centros comerciales de Santiago. Con ustedes, Madam Tusán.

    Hace unos días fui a su local del Parque Arauco, atrapado por el aroma que puede ser un tormento para quien tiene que entrar al Centro Comercial y tentarse en el intento. El rojo de sus murallas, los espejos, los dragones en diferente formas y tamaños y las típicas mesas con centro giratorio de los chifas peruanos, hacían presagiar una gran experiencia.

    Tuve frente mío un producto del tiempo y el espacio, un Arroz Chaufa Charapa con dos huevos fritos encima. Su sabor fue exótico, tropical, muy oriental y equilibrado. Nunca había probado esta variante del Chaufa tradicional y créanme que mi rostro manifestó gráficamente lo sentido en mis pupilas gustativas. Sin miedo probé el ají agridulce que formaba parte del plato. Ni una pisca de picor -para los temerosos-, ni una palabra que pueda traducir el gusto de la fruta selvática y el ají los andes, para darle “ese toque” al arroz de la costa.

    Lo más divertido de ir a comer esta comida, es que uno mismo va haciendo sus propias combinaciones. El plato se convierte en una paleta de colores para dibujar uno mismo el particular sabor del cuadro que quieras y hagas. Es así como me fui por el color intenso del Kan Lu Wantán y el agridulce típico de este plato tradicional.

    Su nombre lo dice en parte. Unos wantanes fritos que sirven de base para esta especie de guiso salteado con salsa de tamarindo y preparado según la propia elección. Me refiero que puede ser de mariscos, pollo, cerdo, res o verduras. “Ya no ya”, diría un amigo mío haciendo referencia que después de esto, no hay nada mejor.

    Probé más cosas, obviamente, todas mejores que las otras, pero les dejo esos dos platos para que cuando se den una vuelta por el Madam Tusán, si quieren, puedan seguir la recomendación que les hago, pues pienso que estos dos platos describen bien la esencia del Chifa y es una buena puerta de entrada a este viaje espacial y temporal de sabores y experiencias.

    Pero, a fin de cuentas, cuando tengas tu plato en blanco frente a ti, toma aire, llénate de inspiración y sé tu mismo el creador de la obra que será tu entrada a este exótico mundo del Chifa, del que podrás salir, o quedarte atrapado para siempre como yo.

    ¡Ya no ya!

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